(Diogo)
No podía respirar.
Todo mi cuerpo se congeló en el instante en que aquel niño levantó la mirada hacia mí y escuché mi propia voz escaparse de mis labios.
—¿…Lucas?
Era él. Mi hijo. ¿Qué demonios hacía allí?
Mi mente daba vueltas, fuera de control. Yo pagaba a esos dos desgraciados para que Lucas tuviera las mejores condiciones posibles. Un colegio de primera, acompañamiento, comodidad… todo lo que yo no podía darle estando lejos. Y aun así… estaba allí. Delgado, con la ropa rota, con la