Alice
Miércoles soleado, cielo despejado, pero mi humor no estaba precisamente a la altura del día.
Entré en la cafetería ajustando la correa del bolso sobre el hombro, intentando equilibrar el estuche de insulina y un paquete de pan de queso que había traído conmigo. Saludé a todos con una sonrisa, como siempre hacía, aunque el pecho me pesara más de lo que quería admitir.
— ¡Buenos días, Alice! — me saludó Antonio con su sonrisa habitual.
— ¡Buenos días, Tony! — respondí, dejando mis cosas de