Frente al armario de metal relucía Marlen, quien se desprendía del manto de su cotidianidad para envolverse en la elegancia proporcionada por el uniforme del restaurante. La tela se ceñía a su silueta como una segunda piel, mientras sus ojos recorrían su imagen en el espejo, ajustando meticulosamente cada detalle. Pero en ese instante de vanidad, su reflejo se tornó borroso y su mente se zambulló en un mar de recuerdos, marcados por la temeraria decisión de haber desafiado las advertencias de E