Un juego de deseo, control y negación.
—¿No crees que deberías pedir permiso antes de entrar en mi aposento? Y encima, es de madrugada. ¿Acaso no duermes? —le reprochó Marlén mientras se acercaba a él para tomar a Mateo de sus brazos, pero Elijah la detuvo, agarrándole una mano.
—¿Y tú no piensas que debiste respetar mi pedido cuando te dejé claro que no podrías utilizar tu magia? —le reprendió con dureza.
—Te he dicho muchas veces que no sé cómo utilizar esto, a lo que tú le llamas magia. En el momento en que estaba en el hospital,