El supremo tiene sospechas.
—No, no lo hagas, Lucius — le ordenó Elijah autoritario. —Déjalos en sus posiciones, porque no pueden ver lo que estoy esperando que suceda.
Marlén lo miró con los ojos abiertos de par en par. Congelada en su lugar, temblaba por el miedo que sentía, y creía que su corazón traicionero escaparía para no morir junto con ella.
—¡Estás loco! — exclamó con miedo y frustración, cuando finalmente pudo liberar el nudo que tenía en la garganta.
Sin dudarlo, acercándose con su presencia abrumadora, él c