Cachorro indomable.
—¡Idiota! — le gritó, ya con sus ojos normales. — Si te hubieras atrevido a vender tu humanidad, yo estaría cortando tus pelotas —. Elijah recibió otro pescozón. — ¿Cómo te atreviste a pensar que yo me había ido por poder, dejando a mi hijo abandonado, imbécil? ¿Qué te hizo pensar que esa noche que te vi sufrir, la pasé genial, fuera de ese estudio abandonado? ¿Acaso sabes el dolor que me causó mirarte sin saber qué hacer?, ¡estúpido!—. Con esta última reclamación, Marlen le puso una mano en la