Ava Davis.
La lluvia caía sin piedad, empapando cada rincón y calando no solo mis huesos, sino también mi alma.
Sin rumbo fijo, anduve por calles vacías, con la mente atrapada en recuerdos de mi difunta madre, la única persona que alguna vez me amó de verdad.
La falta de un lugar al que llamar hogar se sentía más aguda en aquellos momentos.
El frío era una constante compañía que me hacía desear un abrazo, una calidez que parecía tan lejana.
El cementerio surgió a la vista, como un refugio so