65. No deberías acercarte de esa manera
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Eva
El pasillo del hospital estaba en penumbra, iluminado apenas por las luces mortecinas de los faroles en la entrada. La brisa nocturna se colaba entre las ventanas mal cerradas, arrastrando consigo el aroma de la humedad y la madera vieja. Caminé con paso firme, sintiendo el peso de la noche sobre mis hombros.
Mi objetivo era claro: averiguar qué estaba envenenando a Sofía y asegurarme de que sus exámenes revelaran algo útil. Pero antes de llegar a la puerta, una sombra se proyectó sobre