62. ¡Retrocede!
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Eva
Obviando mis sospechas sobre mi hermano y Sofía, me concentré en lo más importante: su vida.
Con rapidez, la llevé a una camilla para revisarla adecuadamente. Su piel estaba alarmantemente fría, su respiración débil y su olor… su olor estaba contaminado.
—Necesitamos verla mejor —ordené, y con la ayuda de la enfermera, la colocamos con cuidado boca abajo.
Fue entonces cuando noté la herida en su espalda.
—Demonios… —murmuré con el ceño fruncido.
La ropa, hecha jirones y empapada en sangr