205. La noche que todos necesitaban
Cuando entraron al lobby, Malcolm se dio cuenta de que el interior era mejor de lo que la fachada había sugerido. Aunque claramente no era una posada de lujo, estaba limpio, bien iluminado, y el personal parecía profesional dentro de los parámetros de lo que ofrecían.
El propietario, un hombre lobo corpulento con una sonrisa que sugería que había visto todo tipo de situaciones, se acercó a Eloy con familiaridad, como si ya lo conociera de antes.
—¡Eloy! —exclamó—. ¿Vienes con clientes esta noche