529. Puertas cerradas.
Narra Dulce.
Despierto lentamente, como si mi cuerpo se negara a abandonar el peso de los sueños que me han retenido más de lo necesario, y lo primero que siento es el vacío a mi lado, la ausencia de Tomás en la cama que aún conserva su olor, ese calor que parece haber sido absorbido por las sábanas para recordarme que estuvo ahí, tan cerca, tan dentro de mí, hasta que el cansancio nos venció. Abro los ojos y me rodea el resplandor blanquecino de la habitación inmensa, con los cortinajes pesado