326. El ojo detrás del telón.
Narra Tomás Villa.
Hay algo hipnótico en cómo camina. Incluso ahora, incluso herido por dentro, incluso roto, conserva esa forma de avanzar como si todo el espacio le perteneciera. Ruiz nunca baja la cabeza. Ni cuando el mundo se le cae encima. Ni cuando le robo a la única persona que aún lo mantenía humano.
Lo observo desde una vieja sala de control, a unos treinta metros de donde se mueve. Tengo las cámaras ocultas, los sensores activos, y un monitor que tiembla levemente con cada paso suyo.