Capítulo 196. Procesión interminable.
Una ola de proceder distintivo, sepulcral, igual de helado, había caído sobre Nueva York en los días posteriores a la masacre en High Star. La ciudad, acostumbrada a la violencia vendida como entretenimiento y a los titulares que se evaporaban en un ciclo de veinticuatro horas, esta vez no encontraba forma de digerir lo ocurrido.
El ambiente se volvió más denso, como si el aire cargara un presagio que nadie sabía nombrar.
La gente hablaba, pero sin convicción. Los expertos se paseaban por los