Capítulo 195. Una extensión genética.
El bebé había dejado de llorar hacía apenas unos minutos, pero Livia era quien ahora no podía controlar el vibrar de su pecho, el frío que tocaba sus huesos y la sensación de que su cabeza giraba y giraba.
Sostenía al pequeño contra su pecho, aún envuelto en sábanas. Sus dedos temblaban alrededor del cuerpo tibio. Podía sentir todavía el aroma metálico en el aire, mezclado con el humo y el olor del colchón chamuscado. Aunque estaba dentro de un hotel diferente, al final de la cuadra, a casi sei