Capítulo 148. Mal necesario.
Los vehículos se movilizaron con rapidez, saliendo del hangar y perdiéndose en la oscuridad con luces bajas y el tiempo en su contra, ya que en casa de Moisés, Livia sentía que sus pulmones ardían después de expulsar el agua al poder respirar apenas.
La vista se le distorsionó, sus pulmones quemaban, aunque no había fuego recibían golpes de oxígeno. Sus rodillas se flexionaron, pero sus uñas se desgarraron al sujetarse firmemente de la tina, en la que fue imposible no resbalar.
Y ante todo el