Capítulo 126. Alianzas
Elías esperó ver salir apresurado al mexicano, moverse con acciones que reflejaran la eficacia del veneno puesto en la champaña, pero el Coloso seguía tan tranquilo como cuando llegó.
Arrogante, hablando en su idioma con ese acento que le asqueaba saber a dónde pertenecía. Aún así, sonrió para él, porque corroboraba lo que decían.
Matarlo no era tarea fácil. Pero apenas era un abrebocas con él. En ese momento, sólo medía terreno. Con todos. Incluso el que estaba detrás del atril.
—Siemp