Capítulo 104. Descarga de adrenalina.
—La pelirroja— apuntó Johan con la barbilla frente a los cuneros. —Es la hija de Mateo y Harper.
—¿Cómo sabes?— Salomé vio a la bebé elevando un piecito a través de la tela rosa, como sus mejillas. —Harper no es la única pelirroja.
—Mira sus ojos— respondió él, ella se fijó en los ojos abiertos de la bebé que llevó su puño a su boca en un temblor inestable.
Los dos orbes dorados brillaban con un color tan intenso que parecía ver el sol iluminando a través de las pestañas apenas visibles.