Liah
En mi vida había estado tan nerviosa, no puedo creer lo que estoy a punto de hacer y con un hombre que hasta hace unos meses insultaba por teléfono.
—Estás hermosa, hija — exclama, mi padre mientras mi madre terminaba de amarrarme el vestido.
Era algo sencillo, mi tía y Emma se esmeraron en reformar el que tenía mi madre porque, curiosamente, las telas y lo que había solicitado para hacer el vestido de mis sueños nunca llegaron.
¿Estaba decepcionada? Sí. ¿Me sentía triste? No. Mi madre, mi