Adoratta
La rabia y el rencor no son buenos consejeros…
Lanzo el golpe sin siquiera darme cuenta, ya es una respuesta instantánea para mi en cuanto me encuentro en una situación difícil. Pero al parecer ya Marco lo esperaba porque sostuvo mi mano antes de asestarle el puñetazo. Me remuevo violentamente y aprieta con más fuerza mi muñeca. No le doy la satisfacción de verme flaquear. No nací apara ello.
—Calma, fiera —saco la mano de su agarre y me retiro hasta la puerta —. Mario, gira a la derech