Archi miraba a esos hombres con ojos bien grandes
—¿De verdad quiere que haga eso? Pero, ¿Para qué? ¿No considera que eso es peligroso, que lo pondría en la mira de Suárez?
—Eso no importa, Archi, eso es justo lo que quiero, así que no te angusties.
El hombre tomó una cruz de oro y se la dio.
—Solo deja caer esto en tu próximo asalto, será suficiente para mí, si Lord Di Tacco te pregunta, dile que es solo mi responsabilidad, que obedeciste lo que te pedí, ahora debo irme, y te deseo buena su