—Siempre yo, Lana, solo yo… —dijo Aaron lanzando la máscara al suelo, luego estrechó su cintura, acercándola a él, su mirada era severa y también triste, ella intentó manotear, alejarlo de ella, pero ese simple gesto hizo que él se encendiera más.
—¡Suéltame, Aaron! He dicho que no te quiero cerca de mí…
—¡Cállate, tonta, necia! Mira mis ojos.
Su voz tan severa le dio un escalofrío, ella lo miró fijamente, su mirada tan azul, tan profunda, sintió que no tenía control de su cuerpo, él se acerc