—Pero, ¡¿Qué has dicho?! —exclamó rabioso, él la tomó con más fuerza, sus ojos eran tan agudos, tan grandes y severos, que Lana tuvo un temor hacia él, que nunca antes sintió—. ¿Te das cuenta de que estás jugando con mi honra? ¿Aún te paras frente a mí, con tal descaro?
Ella intentó liberarse
—¡Tú eres malo y cruel! ¿Cómo has podido dañar a inocentes?
Aaron la soltó, estaba temblando de rabia, y sintió que debía contenerse
—¿Cómo puedes tratarme así? ¡A mí, que te he dado todo mi amor, he he