La tarde había comenzado a vestirse de un color dorado, ese tono cálido y envolvente que solo aparece en los momentos en los que la vida parece querer acariciarte, recordándote que, pese a todo, aún hay belleza en el mundo.
Valeska recorría su nueva casa como quien recorre un santuario, tocando cada mueble, cada cortina, cada rincón con una mezcla de reverencia y emoción. Cada centímetro cuadrado parecía murmurarle: «Estás a salvo. Este lugar es tuyo». Y esa certeza era tan reconfortante que po