El estruendo hizo eco entre los edificios como una detonación, y el caos estalló al instante. El chillido de los frenos, los gritos de los peatones y el sonido seco del impacto rompieron la rutina de la ciudad como un puñal que desgarra el silencio.
En cuestión de segundos, todo se convirtió en confusión y carreras desordenadas. Un grupo de personas se arremolinó cerca del cruce, con los rostros contraídos por el pánico mientras se escuchaban las primeras llamadas de auxilio. La voz de alguien