Desde hacía días, la ausencia de Mikhail se sentía como una sombra pesada en los pasillos de la empresa.
No era solo que no estuviera físicamente; era que la energía que solía cargar cada sala que pisaba, esa mezcla de intensidad y arrogancia silenciosa, se había desvanecido por completo.
Valeska trató de convencerse de que no le importaba, de que después de lo ocurrido en el comedor, después de esa confesión, de ese momento tan fuera de lugar, tan inoportuno, lo más sano era que él se alejara