Cuando Valeska empujó con suavidad la puerta de la habitación, no sabía qué se encontraría del otro lado. ¿Dormido? ¿Molesto? ¿Indiferente? ¿Agradecido, quizás? Lo único que no esperaba ver era a Lisandro incorporándose ligeramente en la cama, con los ojos abiertos de par en par y una expresión de sorpresa tan clara que por un segundo se quedó paralizada.
No era solo sorpresa. Era esa clase de alivio que se siente cuando uno cree que ha perdido algo para siempre, pero de pronto lo encuentra jus