La puerta del viejo departamento de Marcos chirrió con un sonido que pareció quebrar el silencio en mil fragmentos. Valeska entró primero. Había algo simbólico en eso. Cruzar el umbral de ese espacio —sucio, cargado de historia y secretos— era como internarse en la médula de una herida que aún no terminaba de sanar.
Atrás quedó Penélope, observando desde el pasillo como una sombra expectante, elegante y cargada de intención. En sus manos, una carpeta. Falsa, claro. Pero convincente.
Valeska rec