Dos días completos habían pasado desde que Lisandro se perdió en la tormenta que desató la caída de Lenis.
En la soledad de su departamento, cada silencio se sentía pesado, casi insoportable. Sabía que no podía quedarse atrapado en la niebla de la incertidumbre; era momento de salir, de enfrentar, de buscar a quien más necesitaba ahora: su esposa. Su corazón se oprimía con la idea de explicar todo lo que había sucedido, de limpiar su nombre y proteger lo poco que quedaba de su familia.
Con un m