Su mirada se endureció al encontrar a Theo frente a ella, con los ojos cargados de emoción y el semblante de un hombre que había perdido todo. Como si fuera un pobre miserable y no el hombre que le arrebató las oportunidades de vivir un matrimonio feliz.
—No hace falta que hagas esto —dijo con frialdad, deslizando la chaqueta por sus brazos para devolvérsela.
Theo la detuvo con suavidad, pero manteniendo ese toque de firmeza. —Por favor, solo escúchame —rogó, su voz salió tensa por la emoción c