—¿De verdad? —preguntó Lucía.
Daniel asintió: —Sí.
Ella respiró hondo:
—Gracias, me siento mucho mejor.
Daniel, al ver que ella se había recompuesto, también se relajó un poco.
—¿Tienes hambre? Recuerdo que hay un buen restaurante italiano cerca.
Lucía lo pensó un momento y no rechazó la oferta.
En el restaurante italiano, lo más característico eran las pastas y pizzas.
Daniel no era muy aficionado a las pizzas, así que pidió una lasaña mixta.
El queso burbujeaba sobre la pasta, desprendiendo un