—¿Tú también frecuentas esa tienda? —preguntó Boris sorprendido.
—¡Sí! Sus pasteles son muy buenos —respondió Talia con entusiasmo.
Boris normalmente no se preocupaba mucho por estos pequeños accesorios, en parte porque a Lisa no le gustaban, y también porque pensaba que a sus treinta y tantos años, llevar estos adornitos le hacía parecer poco serio. Sin embargo, este llavero había estado colgando de su teléfono desde que lo compró, era discreto, y le sorprendió que la chica lo hubiera notado.
—