Al entrar en casa, Lucía se ocupó inmediatamente de los libros. Después de acomodarlos, estaba sudando. Tras ducharse, vio el ungüento en la mesa de centro. Lo tomó y, frente al espejo, aplicó cuidadosamente la crema fría y mentolada en los moretones de su pecho y cintura, aliviando el dolor.
Aunque era temprano, el cansancio y un fuerte dolor de cabeza la obligaron a acostarse, quedándose dormida rápidamente.
A medianoche, Lucía tuvo una pesadilla. Mateo la atacaba como un demonio y no podía es