—No aceptaremos los regalos. Primero, no hay razón para aceptar obsequios sin merecerlos, no somos familia ni amigos, independientemente de su valor —dijo Carolina con firmeza.
—Segundo, lo tuyo con Lucía... ya es pasado, ahora son extraños, y tenemos menos razón aún para aceptar nada de ti.
En su único encuentro, ella y Sergio lo esperaron casi media hora en el restaurante. Mateo llegó con las manos vacías, apenas murmuró un "señora, señor" y se centró en comer, prácticamente sin decir palabra