Daniel suspiró resignado. De verdad que no podía más.
—¿Qué tal, hermanito? ¿Cómo está el sabor?
—...Está bueno —respondió Daniel.
Los ojos de Sergio brillaron, como si hubiera encontrado a su alma gemela y lamentara no haberlo conocido antes: —¡Si te gusta, come más! Y esta carne de res, con mi salsa secreta...
Daniel se limitó a responder durante toda la cena: —Está rico... Huele muy bien... La preparación es muy original... Nunca había probado algo así...
Y Sergio se entusiasmaba cada vez más