La cena estaba lista y todos se sentaron a la mesa. Carolina abrió el vino y le permitieron a Lucía beber un poco.
Sin embargo... ¡acabó bebiéndose dos copas enteras! Sergio estaba ocupado charlando y Carolina concentrada en la comida, nadie se había dado cuenta excepto...
—Lucía, esa sería la tercera —advirtió Daniel.
—¡! —Lucía se quedó paralizada con la mano extendida hacia la botella.
Fue entonces cuando Sergio y Carolina notaron cuánto había bebido su golosa hija.
—¡Niña! Te dijimos un poco