—Aquella vez en el hotel me ayudaste —dijo Manuel—. Soy de los que saben agradecer, y aunque hayas terminado con Mateo, tengo que devolver el favor.
Había estado fumando dos cigarrillos, unos quince o veinte minutos, ¿y a Lucía ni se le ocurrió llamarlo directamente?
¡Diego lo había dicho claramente, él era quien tenía los contactos!
¡Y muy buenos contactos!
¿Por qué Lucía no podía entenderlo?
¿A quién estaba menospreciando?
—Necesitas un editor confiable, ¿no? Ahora te lo recomiendo —Manuel no