De una patada apartó el tazón derramado y se oyó un sonido fuerte cuando la porcelana se hizo añicos contra el suelo. Sofía se estremeció del susto.
—¡Te lo dije, deja de fingir delante de mí, carajo! Te doy tres segundos para que te largues a tu habitación. ¡No quiero verte!
Señaló hacia arriba, con los ojos rebosantes de furia. Sofía no se atrevió a quedarse ni un segundo más y subió temblando las escaleras.
...
Después de aquella comida, Lucía notó que su relación con todos parecía haberse vu