Mateo la examinó de arriba abajo y soltó una risa despectiva: —¿No te dolía el estómago? Te veo bastante bien.
Bajo su mirada penetrante, Sofía sintió como si hubiera visto a través de su pobre actuación.
—Sin ti en casa, no tengo con quién hablar, me siento tan sola...
Mateo la interrumpió bruscamente: —Si estás aburrida, lee o estudia, haz lo que sea. ¿No eres estudiante? ¿No tienes clases? ¿No ibas a hacer un posgrado?
—Si tienes tanto tiempo libre, veo que María está ocupada, ¿por qué no la