Además, en la conversación con su madre, Lucía no percibió ninguna preocupación genuina del editor, solo presión y manipulación.
—¿Por favor, sí? ¿Por favor, sí? —insistió con tono meloso.
—Está bien, cuando lleguemos te lo envío, ¡aunque dudo que tengas la paciencia para leerlo completo!
—¡Te prometo que sí! —aseguró Lucía.
...
Al llegar a casa, Sergio estaba en la entrada colocando las decoraciones. Como no podía ver bien el conjunto, Lucía ladeó la cabeza y comentó: —Papá, creo que está un po