Miranda rompió el beso de golpe.
Lo empujó con firmeza, obligándolo a dar un paso atrás antes de que pudiera volver a acercarse.
Su respiración era errática.
El corazón le golpeaba con tanta fuerza contra el pecho que estaba convencida de que él podía escucharlo.
No era solo por el beso. Era por el peligro.
Un segundo más entre sus brazos y habría olvidado el motivo por el que llevaba semanas fingiendo haber perdido la memoria.
—¡No me beses!
Joaquín permaneció inmóvil durante unos segundos. La