El corazón de Miranda todavía latía con fuerza.
Sentía los golpes contra su pecho mientras permanecía frente a Joaquín.
Intentaba mantener el rostro sereno, pero por dentro estaba completamente alterada.
Sus ojos se encontraron.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
Había demasiado entre ellos.
Finalmente, Miranda rompió el silencio.
—¿Qué es lo que quieres, Joaquín?
Él la observó en silencio.
—Supiste de nuestras hijas desde hace tiempo —continuó ella—. Sabías que existían