El corazón de Miranda latió con fuerza.
Sintió que el pecho se le oprimía cuando vio a Joaquín acercarse.
Había intentado mantenerse firme, distante, incluso fría frente a él, pero su sola presencia tenía la capacidad de alterar todo lo que había construido dentro de sí durante aquellos días.
Y lo peor era que él lo sabía.
Joaquín conocía perfectamente sus debilidades.
Pero Miranda no quería volver a caer.
—Mami… —la voz dulce de Marina la sacó de sus pensamientos—. ¿Estás enojada con papito?
Mi