—No confío en ti, madre. Tendrás que demostrarme que has cambiado.
Joaquín sostuvo la mirada de su madre durante unos segundos más.
No había rabia en sus ojos.
Había algo mucho más difícil de soportar: decepción.
Después de todo lo que había ocurrido, ya no podía creer simplemente en sus palabras.
Ahora ya no estaba tan seguro.
Su madre permaneció en silencio.
—Joaquín…
Él negó lentamente con la cabeza.
—No quiero escuchar más explicaciones.
Se dio la vuelta y se marchó.
***
Sabiendo que Horaci