—Ya es demasiado tarde para hablar de amor, Joaquín.
Miranda sostuvo su mirada, aunque por dentro sentía que cada palabra le costaba una parte de su alma.
—Pero las niñas siempre serán tus hijas. Eso nadie puede cambiarlo. Por favor, vete.
Joaquín permaneció frente a ella durante unos segundos.
Su expresión era triste, pero había algo diferente en sus ojos. Ya no estaba dispuesto a marcharse derrotado.
—No me rendiré contigo, Miranda.
Ella bajó la mirada.
—Joaquín…
—Te perdí durante tres años —c