—¡¿Miranda... vas a divorciarte?!
La voz de su madre resonó en medio de la funeraria, cargada de incredulidad y dolor.
Aquellas palabras hicieron que el salón entero quedara en silencio.
La mujer miraba a su hija con los ojos completamente abiertos, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar.
La muerte de su esposo había destrozado su corazón apenas unas horas antes, y ahora una nueva tragedia parecía derrumbar a la familia.
Miranda sintió que el pecho se le comprimía.
Era el peor momento pa