—¡¿Qué has dicho?!
Joaquín se incorporó de golpe, como si aquellas palabras hubieran disipado de inmediato el efecto del alcohol.
El sobresalto fue tan brusco que la almohada cayó al suelo y el corazón comenzó a latirle con fuerza.
Durante unos segundos creyó haber escuchado mal.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó con la voz ronca, incapaz de ocultar la incredulidad—. ¿Cuándo ocurrió? ¿Cómo pasó?
Tom permanecía de pie frente a la cama, con el semblante sombrío.
—Fue ayer por la tarde, señor. Sufri