Joaquín abrió lentamente los ojos.
El techo blanco del hospital volvió a aparecer frente a él.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, completamente desorientado.
Después recordó dónde estaba.
Apretó los puños con frustración.
Seguía internado.
Los médicos continuaban negándose a darle el alta.
Según ellos, el fuerte golpe que había sufrido había provocado una inflamación en su cerebro y existía el riesgo de que su estado empeorara si abandonaba el hospital antes de tiempo.
Le repetían una y o