El quinto día de cautiverio comenzó mucho antes de que el sol apareciera en el horizonte.
La madrugada todavía envolvía la propiedad en un silencio profundo, denso, apenas interrumpido por el sonido ocasional del viento golpeando las paredes exteriores y el leve crujido de la madera antigua de la casa.
En la habitación, Erika estaba despierta.
No había dormido realmente.
Sus ojos permanecían abiertos en la oscuridad mientras permanecía recostada boca arriba en la cama, mirando el techo apenas v