El día veinticuatro no empezó como un amanecer convencional ni como una ruptura clara con lo anterior. No hubo una línea que dividiera el antes del después. Erika abrió los ojos, pero en realidad no había dejado de estar despierta en ningún momento. La conciencia que sostenía durante la noche no se había interrumpido, no se había fragmentado ni diluido. Simplemente… había permanecido. Y ahora, con la luz filtrándose suavemente en la habitación, esa misma conciencia se mantenía intacta, extendié