La noche del día veintitrés no irrumpió ni se impuso sobre la tarde. Fue como si el espacio simplemente se recogiera sobre sí mismo, como si cada borde de la habitación se suavizara hasta perder importancia frente a lo que estaba ocurriendo dentro de Erika. La luz descendió lentamente, pero no marcó un cambio real en su percepción. Para ella, el entorno ya no dictaba el ritmo de nada.
Permaneció de pie durante un tiempo indefinido después de que Damián saliera. No se movió de inmediato, no porq